La Iglesia sólo es Iglesia cuando sirve a los demás.
(Dietrich Bonhoeffer)
 
 
 

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HOMOSEXUAL Y CREYENTE

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El enemigo más dañino para el hombre es la frustración. Y su frustración más profunda es el rechazo al que puede llegar a sentir por sí mismo. ¿Qué nos salvará entonces?

Este sentimiento escribe los renglones de mi historia. Mis seres más queridos, y de los que tanto he recibido, me enseñaron también a despreciarme... ¡Qué contrasentido! La sociedad en la que nací, como la Iglesia que me dió la fe, me dijeron que debía ser marginado por mí mismo. Esta es la razón: soy homosexual; pero ellos y ellas no lo saben. Mi silencio es sobrevivir, nunca vivir: esta es mi aportación al gran teatro del mundo. No conozco (no me dejaron) otra alternativa; y soy consciente, ahora más que nunca, del peligro que conlleva.

Soy homosexual y soy creyente, ¡gracias a Dios! Al lado de Jesús de Nazaret me siento, de alguna manera, bienaventurado, salvado. Yo sé que él guarda cariñosa y fielmente mi secreto, y el secreto de tantas cosas que nunca he alcanzado a explicarme. La ansiada respuesta a mis muchas preguntas se vuelve confianza cuando le miro a El. Puedes creerme: la esperanza que consumo, me la da El; mi vida es una constante conversión a El, salpicada de inconstancias. Cuando mis ojos se vuelven a los suyos, yo sé que mi lucha no puede ser contra mí mismo, si no por todos los que El señaló como los bienaventurados de este mundo; para los que su Palabra es, a pesar de muchos que lo impiden con sus juicios, la Buena Noticia esperada y deseada.

Si Cristo volviera a encarnarse hoy, no creo que le importara hacerlo como homosexual. Lo que sí creo con certeza (la que da la fe), es que no nos hablaría ni nos miraría como el "común de los fieles" y bastantes pastores lo hacen.

Jesús de los crucificados por este mundo, ¡Ven y sálvanos!

 
 
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