Todo es una perla brillante, incluso el antro del demonio de la montaña negra
(Dogén)
 
 
 

|

|

|

 
 

ESTUDIAR TEOLOGÍA Y SER MUJER

volvervolver
 

Cristina Galletero

Basta dar una vuelta por los centros de estudios teológicos para constatar que el número de mujeres estudiantes de teología es bastante reducido. Mayor aún es el vacío en las librerías religiosas, donde casi es nulo el número de libros de contenido teológico escritos por mujeres.

Desde esta constatación y como mujer que estudia teología me pregunto el por qué de esta situación . En primer lugar, es evidente que en la Iglesia (y en la sociedad en la que está inmersa) se ha dado (y se sigue dando a ciertos niveles) una discriminación de la mujer por el hecho de serlo. Algo se ha avanzado, pero los frutos de siglos de desigualdad no son fáciles de superar.

En esta situación se puede notar lo siguiente, por una parte la mujer ha estado y esta activamente en ciertos campos de la vida religiosa (cuando no ha sido considerada como criada) y por otra parte el estudio, la formación intelectual y teológica le han estado vedados por mucho tiempo. Por efecto de todo lo anterior, la mujer ha tenido y tiene todavía en amplios sectores un arraigado complejo de inferioridad, sobre todo en campos como el intelectual-teológico, que le lleva a una pasividad y dependencia de los hombres. Baste constatar que la mayoría de los ejercicios espirituales, conferencias, charlas, retiros, etc... son llevados a cabo por hombres.

Pero creo que es hora de tomar conciencia a todos los niveles de que la Iglesia, la evangelización y el hacer presente el Reino anunciado y vivido por Jesús es obra de to- dos, mujeres y hombres, unidos en el hacer y en el pensar, en la reflexión y en la acción. Hacer realidad el Reino es promover el desarrollo integral de la persona, posibilitando las condiciones de vida, la formación y la cultura para que de una manera real pueda ser libre y pueda asumir las riendas de su vida.

Lo cual conlleva denunciar todo tipo de injusticia y superar todo tipo de desigualdad, incluyendo la discriminación de la mujer allí donde la haya (tanto a nivel social como eclesial). Desde este punto de vista, pienso que la teología ha de ser llamada y tarea de la mujer. Y entiendo por teología no una estéril especulación y simple acumulación de saberes y conocimientos, sino una misión, porque misión es proclamar la Buena Noticia del Reino inculturado, inserta en las situaciones de cada mujer, hombre y pueblo, proclamada en su claves vitales.

Tener formación teológica es urgente para todo cristiano, incluidas mujeres sin ningún tipo de complejo de inferioridad o inercia cómoda. Desde aquí, y si este artículo pudiera ser tribuna de mi voz y de mi pensar en alto, animaría de manera muy especial a las mujeres para que desde sus posibilidades concretas de tiempo, estudios, trabajo, etc... estudien teología, lean teología, y aporten así a este mundo y a la Iglesia no sólo sus posibilidades y capacidades intelectuales, sino también su visión femenina del mundo, de la persona, de la fe, de Dios, que completaría la hasta ahora casi exclusiva visión masculina.

 
 
© 2009- Revista Universitaria de Teología de Albacete Diseño y HostingOnirics
Inicio