Todo es una perla brillante, incluso el antro del demonio de la montaña negra
(Dogén)
 
 
 

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¿Adónde va la Iglesia? Un diagnóstico de nuestro tiempo

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Juan Antonio Ruescas Juárez

Este libro de Medard Kehl, intenta analizar la actual situación de la Iglesia y proponer algunas líneas de actuación ante un futuro que no se antoja nada fácil para los cristianos. ¿En que medida esta reflexión es un ejercicio de teología práctica?. Se puede calificar de tal porque su objeto es la construcción del reino de Dios, que es la tarea de la Iglesia. Este objeto se enfoca desde la perspectiva de las dificultades que en el mundo actual la Iglesia tiene para llevar a cabo tal misión. La cuestión es cómo proclamar hoy nuestra fe en Dios. Y de hecho, el reto de la actual Iglesia europea es la búsqueda de nuevas formas sociales en las que la fe cristiana (...) pueda seguir viviendo y siendo transmitida adecuadamente. Se parte de una análisis del contexto cultural y de su repercusión en la Iglesia (Primera Parte), y desde esta perspectiva se interpretan los más importantes problemas y retos de la Iglesia actual (Segunda Parte). Por último, en un ejercicio no falto de valentía, se proponen una serie de líneas de acción para que la Iglesia responda a la situación que vive(Tercer Parte).

La Iglesia en Europa Occidental está convirtiéndose en una institución minoritaria; los practicantes cada vez son menos (y más viejos). Por otro lado, el proceso de cambio estructural en la Iglesia es ciertamente inevitable, según leemos en la introducción del libro. Pero no hay que caer en una actitud apocalíptica sino que, desde la fe en la Iglesia, hay que ver esta situación como una oportunidad y como un reto. El punto de partida de la primera parte es la constatación del distanciamiento entre la Iglesia y la cultura occidental moderna.

La Iglesia se situó a la defensiva ante la Ilustración y la cultura moderna que daban fin a un viejo mundo configurado por lo religioso y por tanto, en gran medida bajo la autoridad de los clérigos. Desde esta clave hay que entender la oposición de la Iglesia a las revoluciones políticas, a larazón autónoma, al movimiento obrero, etc. Pero no se acaba ahí la difícil relación entre Iglesia y modernidad. Kehl habla de un impulso modernizador que ha transformado la sociedad europea en los últimos treinta años, y que se caracteriza por el fuerte rechazo de la autoridad, de los discursos universalistas, y otros rasgos de lo que también solemos llamar posmodernidad.. Evidentemente,todo esto supone una dificultad para la transmisión de la fe. El individualismo de este contexto cultural rechaza con especial virulencia todo lo institucional, y así,se ve a la Iglesia ante todo como jerarquía y como institución de poder.

Otra característica del ambiente posmoderno es que la Iglesia ya no tiene el monopolio de lo trascendente. Diversas ofertas (orientalismo, "new age", etc) ofrecen posibilidades de tener ese tipo de experiencias. Existe hoy en la gente un "ansia de salvación", y diversos tipos de religiosidad extraeclesial responden a esa demanda. Esto supone un problema para la Iglesia, porque su discurso siempre tiene algo de normativo e implica ciertas exigencias sobre el tipo de vida que se tiene. Y eso es algo que hoy no goza de mucha aceptación. Se le plantea a la Iglesia el reto de ofrecer un estilo de comunidad que responda a esas necesidades de las que hablamos, pero que a la vez sea crítica con un medio cultural tendente a una búsqueda narcisista de nuevas experiencias, que no implican ningún tipo de compromiso.

Ante este ambiente de "fractura de la cristiandad", en el que la fe ya no se puede suponer, Kehl propone dos rasgos de la experiencia fundamental cristiana. Lo distintivo cristiano sería la meditación y el seguimiento. Por meditación podemos entender la comprensión real de lo que supone la figura de Jesús, realizado en un progresivo acercamiento vital a su persona desde la oración, la reflexión, la vida de comunidad, etc. Por seguimiento podemos entender la praxis del cristiano en su mundo, que debe estar marcada muy especialmente por la cercanía con los pobres y el compromiso por la justicia. Como ya hemos dicho, a la luz de todo este contexto cultural es como se puede realizar un diagnóstico de los diversos conflictos que vive la Iglesia. A esta tarea se dedica la segunda parte del libro. Fruto de unas difíciles relaciones con la modernidad y sus valores (libertad, autonomía, emancipación...) los conflictos eclesiales se pueden resumir en un problema de comunicación, relacionado, entre otras cosas, con una forma de ejercer la autoridad que tiende al centralismo y rechaza la pluralidad.

Frente a esto se propone una profunda intuición teológica: si la Iglesia debe transparentar la Trinidad, debe ser ella misma comunión, es decir, debe ser realmente comunidad. Concretando, debe ser una iglesia comunicativa, que haga posible el diálogo y en la cual las personas encuentren un espacio donde compartir su vida y sus opiniones. Esto se concretaría en dos líneas. Por lo que se refiere a las grandes estructuras, habría que caminar hacia un modelo de funcionamiento eclesial que valore lo colegial en la toma de decisiones, y que corrija el centralismo, cediendo a las Iglesias locales el protagonismo que el Vaticano II quiso darles. En lo que se refiere esta cuestión, encontramos una valiente defensa del protagonismo de la Iglesia local, silenciado actualmente por una cierta forma de entender la comunión y la universalidad que se traduce en monolitismo. Por lo que se refiere a lo más cercano,habría que caminar hacia unas comunidades vivas, que fuesen auténticos espacios de fe compartida. Las comunidades tendrían que ser un lugardonde compartir una fe personalizada. Es lo que Kehl llama "comunidades con perfil".

Diversos movimientos espirituales que han surgido en los últimos años responderían a este tipo de comunidad que estamos describiendo. Y resulta curioso cómo este es un "cajón desastre" en el que el autor mete a todo tipo de grupos y movimientos, desde las comunidades de base hasta el Camino Neocatecumenal, pasando por Taizé, Renovación Carismática o la Fraternidad de Foucault. Quizá se trate de un ejercicio de tolerancia y de paciencia histórica que intenta dar su oportunidad a toda iniciativa que pueda ilusionar a los cristianos de hoy. En cualquier caso, Kehl nunca se muestra acrítico con todo este tipo de experiencias eclesiales y conoce sus peligros.

Todos estos movimientos eclesiales mostrarán su valía en la medida en que ayuden a renovar la experiencia cristiana fundamental, que es el principal reto que tiene la Iglesia para el futuro, si no quiere quedarse en meros cambios superficiales y en una práctica "de mantenimiento" que le hará perder su carácter profético, misionero, y crítico con la sociedad. Además, para ser signo de esperanza, la Iglesia, necesita superar diversos modelos eclesiológicos como el juridicista; el que ve a la Iglesia como refugio; o el que se presenta como alternativa total al mundo con triunfalismo mal disimulado. No se puede olvidar que la Iglesia está siempre en función del Reino de Dios. Para afrontarestos retos uno de los problemas más importantes que nos encontramos es el del llamado "cristianismo sociológico", y a esta cuestión le dedica Kehl buena parte del capítulo séptimo.

Con gran profundidad teológica y finura analítica, el autor caracteriza este problema como asimetría entre miembros activos e inactivos. Y en este punto encontramos una propuesta que merece especial atención, por ser una de las más audaces de este libro. Frente a quienes opinan que el trabajo con esta "masa" de fieles no es más que un esfuerzo inútil que quita fuerzas para dedicarnos a cosas más interesantes, Kehl apuesta claramente por una atención a estos "fieles alejados". Sería fatal para la Iglesia el que, frente al gran número de sus miembros inactivos, adoptara la actitud de ignorarlos sin más o de tratarlos de un modo pastoralmente inadecuado, porque también a ellos debe cubrir la Iglesia con el velo de ese carácter público que la distingue de una "iglesia libre" o de una secta (...) La Iglesia no tiene su lugar social primario en los grupos que se dan en su interior, sino en el contexto de aquella cultura y d aquel orden social en los que le toca vivir.

Huelga decir que el trabajo con estos fieles alejados no debe ser una especie de "rebajas" en las que éstos pueden solicitar lo que se les antoje. Evidentemente, el hecho de estar abiertos a estas personas no nos exime de realizar con ellos una tarea educativa que en ocasiones nos hará rechazar lo que se pide porque carece totalmente de sentido. Añadamos, por nuestra parte, que en un país como España la Iglesia no puede cometer la ingenuidad ni la frivolidad de ignorar la historia que le precede. Para afrontar la situación con realismo, debemos ser conscientes de las "deudas históricas" que la Iglesia tiene contraidas en un país como el nuestro. Esto nos ayudará a evitar la siempre presente tentación del purismo o de confundir nuestro ideal de Iglesia con aquella en la que nos toca vivir.

Volviendo a la reflexión de Kehl, su respuesta al problema de los miembros, inactivos, o fieles alejados, se centra sobre todo en el tema de la praxis sacramental, con valientes propuestas en la línea de unas celebraciones diferenciadas que hagan posible a cada creyente vivir su fe de acuerdo a su grado de vivencia comunitaria y su nivel de madurez cristiana. Retomemos, para terminar, la pregunta inicial. ¿En que medida esta reflexión es un ejercicio de teología práctica?. No sólo por modestia, sino por partir de una realidad concreta, este libro se centra enla situación de la Iglesia en el mundo occidental. Por otro lado, la referencia a la praxis está presente, no sólo al final cuando se hacen propuestas, sino a lo largo de todo el libro. Sin embargo, a pesar de la referencia a la praxis como punto de partida y de llegada, y a pesar de limitarse a hablar de esta Iglesia que es la de Europa,Kehl no está haciendo ningún tipo de recetario ni de "proyecto pastoral". En todo momento está presente la teología; los datos de la dogmática y el momento especulativo tienen un importante papel en esta reflexión. Realmente esta reflexión es teología.

Por eso podemos calificar este libro como un ejercicio de teología práctica. Además,parece claro que este libro se ocupa de la construcción del Reino de Dios, partiendo de las dificultades (externas e internas) que tiene la Iglesia para llevar a cabo esa tarea. Esta sensibilidad está muy presente: como hemos visto, se recuerda varias veces que la Iglesia está en función del Reino de Dios, y en ocasiones debe relativizarse a sí misma. Y si podemos definir la teología pastoral como la reflexión creyente sobre las praxis delReino de Dios en la medida en que éstas construyen la Iglesia, no cabe duda de que este tema está presente en el libro.

Hay un análisis de algunos modelos eclesiológicos, y esta reflexión se lleva a cabo con la intención de discernir cuales de ellos son los más apropiados para responder a las exigencias de la cultura en que vivimos. Pero además, toda la reflexión de Kehl está motivada por la actual situación de estancamiento que vive la Iglesia occidental, sobre todo la centroeuropea.

 
 
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