Un símbolo religioso no se basa en creencia alguna, Y sólo donde hay una creencia hay error
(Ludwig Wittgenstein)
 
 
 

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DE LA RELIGIÓN DE AUTORIDAD A LA RELIGIÓN DE LLAMADA

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Teresa Escudero

En esto, se le acercó un joven y le dijo: "Maestro bueno, ¿qué he de hacer para alcanzar la vida eterna?" Él le respondió: ¿Por qué me llamas bueno? Uno solo es el bueno. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. "¿Cuáles?" le pregunta él. Y Jesús dijo: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honrarás a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo. El joven contesta: "Todo eso lo he guardado desde niño, ¿qué me falta?". Entonces, Jesús, mirándolo con cariño, le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo. Luego ven, y sígueme. Al oír estas palabras, el joven se marchó entristecido, pues tenía muchos bienes. (Mt 19, 16 – 22)

Oración:

Maestro bueno, yo también siento que algo me falta. Siento que no me bastan la misa de domingo y las fiestas de guardar. Siento que no es suficiente "ser buena" y no matar, y no robar. Pero también tengo miedo de hacerte la pregunta: ¿Qué vas a pedirme? ¿A qué deberé renunciar si quiero ser plenamente humana, con alegría plena? Pues no otra cosa deseas para nosotros, sino la felicidad. Aunque tu felicidad no es la de los anuncios de la tele. Tu alegría no se basa en el tener, sino en regalar, no es tanto reír como hacer reír, no consiste en dejar de llorar, sino en enjugar las lágrimas de los hermanos, incluso llorar con ellos. Y sé que la tuya es la buena, sé que sólo cuando he vivido como propones, he sido verdaderamente feliz. Pero tengo miedo. Demasiado a menudo bajo la cabeza y me alejo con tristeza. Por eso te pido, hermano, amigo, mi señor, ven en ayuda de mi poca fe.

ESQUEMA

I. Definiciones: Religión de autoridad vs. Religión de llamada.

Religión de autoridad.

Religión de llamada

A) Impuesta desde fuera

A) Religión interior

B) Da normas a las que adaptarse. Exigencia social, grupal.

B) Encuentro con uno mismo. Exigencia personal.

C) Uniformidad, interés en la colectividad más que en el individuo.

C) Individual que se hace colectiva por convergencia.

D) Reglas adaptadas a la sociedad. Si el individuo no se adapta es su problema: “Hombre para el Sábado”

D) Conversión del corazón, de ella surgen las reglas para la sociedad. “Sábado para el hombre”

E) Inicia a los fieles en la interioridad, pero los mantiene bajo “tutela”, en minoría de edad espiritual.

E) “Acaba”, da cumplimiento a la búsqueda espiritul iniciada por las religiones de autoridad.

II. Conflicto actual: Amenazas para la religión de autoridad.

1.- El cambio de sociedad. El acceso a la cultura de las clases desfavorecidas.

2.- Reacciones de las religiones de autoridad. El Vaticano II. La involución.

3.- Reacciones de la sociedad. La indiferencia. Otras búsquedas.

III. Relaciones entre religión de autoridad y religión de llamada: Antagonismo y complementariedad.

IV. Retomando la reflexión del principio. Jesús como representante de la religión de llamada.

V. Para reflexionar

Texto para la reflexión: Mt 19 : 16-22

Preguntas para la reflexión:

1.- ¿Por qué piensas que el joven rico acude a Jesús? ¿Qué pregunta le hace?

2.- ¿Cuál es la primera respuesta de Jesús? ¿Cómo mira al joven ?

3.- ¿Cuál es la segunda respuesta ( o más bien propuesta) de Jesús?

4.- ¿Cómo responde el joven?

5.- Y a nosotros: ¿Se nos hace una propuesta similar? ¿Hemos estado atentos en nuestra vida a las propuestas de Dios? ¿O quizá preferimos cumplir los mandamientos y no ir más allá?

6.- ¿A qué estamos dispuestos en el seguimiento de Jesús?

I. Definiciones: Religión de autoridad vs. Religión de llamada.

Comenzamos definiendo las características de la religión de autoridad, y qué la diferencia de la religión de llamada. Podemos decir que la religión de autoridad es aquella impuesta desde fuera, donde se dan unas normas a las que adaptarse, con una exigencia social, grupal. La religión de autoridad está convencida de su bondad. Y no le falta razón, pues en general surge realmente del deseo divino de que el ser humano vaya más allá de sí mismo, el deseo de Dios de que el ser humano desarrolle todas sus potencialidades como hijos suyos y finalmente lleguen a ser uno con el Creador. La religión de autoridad va a intentar educar a sus fieles para q ue cumplan con este deseo, pero parte de una idea equivocada, considera que sólo a través de ella y de sus enseñanzas podrá el fiel dar cumplimiento a este deseo divino, cree que los fieles deben ser guiados y deja de lado al individuo para interesarse por la colectividad. Llega a buscar sólo la uniformidad, llegando a despreciar la diferencia o, como mínimo, a mirarla con sospecha. La religión de autoridad crea reglas adaptadas a la vida en sociedad, como institución que es. Si el individuo no se siente identificado con dichas reglas, es su problema. Aunque inicia a sus fieles en la búsqueda espiritual, en la interioridad, no confía en ellos y prefiere mantenerlos bajo tutela, en minoría de edad espiritual, como niños a los que debe reprender cuando se alejan del camino marcado. Quiere "hombres para el sábado", ovejas que sigan ciegamente al pastor, obedeciendo una ley, que si bien fue imprescindible para la vida en sociedad en un tiempo, desde luego no es esencial ni universal, como la autoridad prentende. Como ejemplos de la religión de autoridad, podemos hablar de la religión judía en tiempos de Jesús, pero también de nuestra religión católica actualmente.

¿Y cómo definir la religión de llamada? Quizá lo más fácil sea decir lo opuesto a las características de la religión de autoridad. Si decimos que la religión de autoridad viene de fuera, la religión de llamada es interior, viene del encuentro con uno mismo, y de la exigencia PERSONAL que surge de este encuentro, en verdad, con sinceridad, con lo que se encuentra en mi interior, y, en última instancia, con lo más profundo de uno mismo, donde se encuentra Dios. Por lo tanto es una religión individual, que puede hacerse colectiva por coincidencia de intereses, búsquedas y exigencias, el camino individual se hace común por convergencia. De la conversión de corazón del individuo surgirán las reglas para la sociedad. Las leyes no serán inamovibles y se adaptarán democráticamente para acoger a los individuos, creandose el "sábado para el hombre". Podemos concluir que la religión de llamada "acaba", da cumplimiento a esa búsqueda espiritual que iniciaban las religiones de autoridad.

II. Conflicto actual: Amenazas para la religión de autoridad.

Durante siglos, la religión católica, en cuanto religión de autoridad, ha impuesto sus normas allí donde se asentaba. Sus leyes y reglas se han considerado universales y fuera de ellas no había salvación posible. Así se han comportado y se siguen comportando las religiones de autoridad en el mundo actual, pero la evolución de la historia ha provocado un conflicto cada vez más profundo, un foso que cada vez separa más la sociedad seglar de la jerarquía de la religión de autoridad. El cambio de sociedad, con el acceso a la cultura de las clases desfavorecidas, el avance de la ciencia, liberada de las imposiciones religiosas, el avance de la democracia frente a los absolutismos y la nobleza, la negación de que el orden social fuera establecido por Dios de forma inamovible, la exigencia del pueblo llano de tener voz y voto en las cuestiones fundamentales que les atañen, ha afectado a las religiones de autoridad, como no podía ser de otro modo.

"Todo por el pueblo, pero sin el pueblo" pudo ser una frase con sentido en el siglo XVIII, pero ya desde finales del XIX y durante todo el siglo XX, el pueblo se rebela y se hace insostenible la sociedad patriarcal y absolutista que había defendido la religión de autoridad como designio divino. El avance de la historia, y sobre todo el avance científico iba a dar al traste con conceptos y leyes que se consideraban eternas, inmutables, inamovibles.

III. Reacciones de la religión de autoridad

1. El Vaticano I I - La involución

Ante esta situación, las mejores religiones de autoridad intentan adaptarse. Desde la religión católica se suscita el Concilio Vaticano II, que va a intentar adaptar la Iglesa al rápido cambio de sociedad. Una nueva Iglesia convencida de que su mensaje de amor y fraternidad sigue siendo válido, proclamando desde Roma conceptos como la corresponsabilidad de los laicos en la Iglesia, buscando maneras de cerrar el abismo abierto entre la sociedad seglar y los sacerdotes, deseando volver al espíritu de las Primeras Comunidades donde, en palabras de San Pablo, no había "esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos eran iguales y hermanos a los ojos de Dios".

Pero ese cambio que se impulsara desde el Concilio, al final dio demasiado miedo. La tergiversación del mensaje por parte de algunos, el miedo a la escasa formación de los laicos, el miedo a la aportación femenina (en muchos ámbitos las mujeres seguimos siendo "hijas de Eva", proclives al pecado desde el nacimiento y por voluntad divina, por lo que debemos ser apartadas gentilmente de los sagrados misterios y aceptar nuestro "papel propio" en esa Iglesia renovada, que es ante todo una Iglesia dirigida por varones), y , sin duda, también el terror a la pérdida del poder y la influencia que había tenido la iglesia católica durante siglos, propicia una involución del pensamiento y una condena tácita a muchos de los documentos que surgieron del Concilio, que en gran parte siguen sin ponerse en práctica.

En el momento actual asistimos a la condena y al silenciamiento de todo aquel que no acata ciegamente la autoridad de Roma y de lo que se ha dado en llamar la Tradición. Los movimientos aperturistas son ignorados, o condenados, por la jerarquía eclesial. Esto se debe a la ceguera típica de todas las religiones de autoridad, que llegan a confundir lo indispensable con lo esencial. Todas las leyes que se promulgaron a lo largo de los siglos para ayudar a vivir y a ser, se han convertido en leyes restrictivas que impiden al ser humano desarrollarse en plenitud. Por supuesto que la vida en sociedad necesita regirse por leyes, pero esa ley no es la esencia de la religión. La esencia de la religión católica es el amor y la compasión. ¡Y qué poco amor se encuentra hoy en día en la jerarquía católica! Qué poca comprensión hacia el diferente, hacia el que ha buscado la adultez espiritual fuera de los caminos trillados, hacia los que solicitan un cambio de mentalidad sobre todo en temática sexual, para poder acompañar en estos nuevos caminos a los nuevos fieles. Parece imposible el acercamiento al otro, al hermano ateo o agnóstico, a los hermanos de otras religiones, o incluso al cristiano no católico, el acercamiento a los homosexuales, a los despreciados de la sociedad, a los que siempre han sido los favoritos del Dios que proclamamos.

2. La reacción de la sociedad: La indiferencia. Otras búsquedas.

Ante el inmovilismo y la condena, la sociedad actual ya no reacciona con miedo, ni siquiera con ira o anticlericalismo. Hemos llegado a un momento en el que la reacción más generalizada es la indiferencia. La mayoría de los jóvenes, que fueron bautizados por tradición o porque lo solicitaron sus abuelos o sus padres, han roto sus relaciones con una iglesia en la que no se sienten representados, en la que sienten que no se les comprende ni se les acoge, "pasan" de una iglesia que no sabe sino condenar sus sentimientos y deseos más naturales, una iglesia que no sabe comprender el cambio social, ni sabe acompañarles por los nuevos caminos. Muchos de ellos, que sienten el deseo de buscar en su interior y vivir una espiritualidad profunda, se alejan de una iglesia que pretende ser la única respuesta a sus preguntas, y cuando no se ve capaz de responder, les llama pervertidos o cosas peores. Por eso asistimos a la expansión del budismo, de la religiosidad oriental, de las corrientes neo-paganas o de recuperación de las antiguas religiones naturales, o las religiones de la Diosa.

III. Relaciones entre religión de llamada y religión de autoridad. Antagonismo y complementariedad.

¿Está acabada la Iglesia? La religión de autoridad tal como la conocemos, sí está condenada a desaparecer en esta nueva sociedad. La única oportunidad de futuro para la Iglesia es la mutación, el cambio de la religión de autoridad a la religión de llamada. Ciertamente la religión de autoridad ve con sospecha el subjetivismo y la individualidad de la religión de llamada, le da miedo su fragilidad, su dependencia de las personas que la conforman. Igualmente, la religión de llamada ve en la religión de autoridad un freno para el crecimiento, una apisonadora de leyes que no deja respirar al espíritu de la persona. Existe este antagonismo, pero no hay duda de que existe también una complementariedad. Igual que cuando se educa a un niño se debe educar con unos límites y unas leyes claras, que le proporcionen seguridad y le ayuden a vivir en sociedad, la religión de autoridad tiene su sentido para dar esos límites y normas en el inicio de la vida espiritual, plantando la semilla con suficiente tierra y agua para que pueda crecer. Más adelante, cuando el niño crece, debemos dejar que desarrolle su propio sistema de valores y acompañarle en sus decisiones, pero a partir de una edad las decisiones deben ser del hijo, no de los padres o educadores. Así, la religión de autoridad debe saber cuándo ha de dejar libres a sus fieles. Cuando la semilla plantada da lugar a un árbol que no se corresponde con los, digamos "criterios estéticos" de la religión de autoridad, ésta tiende a cortarlo de raíz. Ahí entraría la religión de llamada, ayudando a dar forma al árbol y dejando que crezcan, como lo hacen en los bosques, los robles con los áceres, y éstos con los pinos, si me permiten la metáfora. La única restricción que se impondría desde la religión de llamada sería la ley esencial del amor, y la tolerancia y el respeto por la diferencia característicos de esta religión.

IV. Jesús, representante de la religión de llamada.

Es el propio Jesús quien intuye la posibilidad de la complementariedad entre religión de autoridad y religión de llamada. En el episodio del joven rico, cuando este le pregunta qué hacer para alcanzar la vida eterna, la respuesta de Jesús es la de la religión de autoridad "guarda los mandamientos". Pero el joven se siente decepcionado. Esos mandamientos los ha guadadado "desde niño", y ahora es un hombre. ¿No tiene el Maestro una respuesta para él? ¿No hay nada más allá?. Y Jesús le mira con cariño. ¿Está preparado para recibir la llamada? "Anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme". El joven quizá no esperaba esa respuesta. O quizá sí, pero tuvo miedo "porque tenía muchos bienes". Y se volvió triste y con la cabeza gacha a su mundo conocido de obligaciones "de niño". ¿ Y no nos ocurre a nosotros así? A menudo criticamos a la Iglesia sus dogmas, sus sacramentos, su idea de la salvación. Pero no nos atrevemos a pensar por nosotros mismos y dejarnos interrogar por Jesús, por nuestros deseos más profundos. Preferimos seguir "más o menos" unas normas que nos permitan seguir creyendonos "buenos", consultamos a los sacerdotes para que nos den normas, "cuarto y mitad de confesión, y medio kilico de misa para llevar, gracias", parece que queramos "comprar" la salvación, y nos conviene que nos den la fórmula, porque si nos ponemos a reflexionar, si nos atrevemos a escuchar la llamada, quizá la petición que le hace Jesús al joven rico sea la que nos hace a nosotros, y quizá también nos tengamos que dar la vuelta, tristes por dejarnos dominar por el miedo que nos provoca el cambio.

Y Jesús, Dios, llama todos los días de nuestra vida. A todo aquel que diga que es ya mayor para cambiar, le recordaría que nuestros padres en la fe se llamaban Abram y Saray hasta los 80 años, y que fue entonces cuando Dios les llamó para que salieran de su tierra, y por cambiar tuvieron que cambiar hasta de nombre. Son ahora Abrahám y Sara, preparados para acoger al nuevo pueblo que Dios hará nacer de su unión. Dios llama. Sólo nosotros podemos darle una respuesta.

 
 
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